Mitztemoa noyollo

Mitztemoa noyollo, en náhuatl, quiere decir “mi corazón te busca”.

Mantos y sueños

 

Hoy, en mis recuerdos, busco a papá. Cuando era niño, me llevaba en la bicicleta a cosechar algodón. Y corría por los campos secos, bajo el cielo azul y el sol ardiente de Sonora, imaginando que, entre los pequeños y blancos copos, tenía las nubes en mis manos. Papá se reía y me invitaba a soltar las nubes en un costal de yute que llevaba colgado de su cintura. Luego me decía:

—¡Con esto se tejen mantos y sueños, Werito…!

 

Ese recuerdo sigue vivo en mí porque papá me lo dejó en las manos.

 

Para mí, hacer memoria es guardar lo vivido y contarlo de generación en generación. Así conservamos el recuerdo, la historia y la enseñanza de quienes se han ido y de quienes siguen entre nosotros.

 

Ustedes hoy me escuchan. Cuando escuchamos con atención, hacemos sentir al otro respetado, amado y valorado: lo que tiene que decir importa. Y todos, al recordar, podemos encontrar significado y sentido en nuestras vidas. ¡Nunca dejemos de hacer memoria!

 

En nuestra peregrinación “Caminos de la Memoria” y en estos días en que recordamos a quienes se han ido, honramos especialmente a nuestro querido Papa Francisco, quien nos enseñó que recordar es un acto de amor y que los mayores son un tesoro. Nuestra Fundación lleva su nombre, su memoria y, en su andar, su legado. ¡Recemos por él y por todos los que se han ido!

 

También es un día para celebrar la vida de quienes siguen a nuestro lado. En la Fundación sabemos que nuestros mayores son vulnerables, que necesitan ser escuchados y valorados, y que conservan su dignidad hasta el último aliento. Por eso decimos que no a la cultura del descarte y sí a la compasión, al amor y a la vida. Hoy cumplimos dos años desde que nos presentamos ante Nuestra Madre y un año desde que plantamos el primer grano de mostaza. Durante estos meses germinamos: pasamos del sueño a hacer memoria y de tejer lazos a caminar juntos.

 

En los talleres, pudimos imaginar, junto a Noemí, cómo brincaba la cuerda con sus trece hermanos. Y se nos antojó el pan que Guillermo horneaba en la panadería. Lloramos junto a Paty cuando dejó su silla de ruedas; se levantó y pudo andar. Y nos emocionamos cuando Roberto, mientras pintaba moras, descubrió que sus manos son útiles y expresó que todo lo útil tiene vida.

¡Estamos vivos! Y somos testigos de cómo cada uno de nuestros jóvenes y voluntarios elige el servicio para hacer camino juntos, en lugar de pasar el fin de semana en Acapulco.

 

Gracias al Papa León XIV, que ha iluminado nuestros pasos, y a nuestro Cardenal Carlos Aguiar, por su guía y su confianza. Gracias a Monseñor Daniel Villalobos, a Monseñor Raymundo Maya, al Padre Víctor Torres, al Cabildo de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe y al Padre Mauro Daniel García Olvera, quienes nos han ayudado a realizar esta hermosa celebración.

 

Gracias a nuestros mayores por compartir su tiempo, su escucha y sus recuerdos. Gracias a Casa Yeekan y a sus directivos. A la Unidad Pastoral: a la Rectoría de Nuestra Señora de Guadalupe y Santa Teresita del Niño Jesús, en Vista Hermosa, y a la de Nuestra Señora de Guadalupe, en Santa Fe; especialmente a quienes se han sumado a nuestra Fundación con su compromiso, su esfuerzo y su ayuda. A quienes, con su generosidad, han hecho posible que esta obra siga creciendo: ¡Nuestra sincera gratitud!

 

Gracias a cada voluntario que ha elegido caminar con nosotros. A Cenyeliztli por su apoyo y a Juan Carlos, quien ha guiado con cuidado los talleres Memorias que Viven y Memorias que Sanan. A Maribel y Lourdes, que nos sostienen en el día a día. Y a la Dra. Martin, que, con sus ideas y su trabajo, ha dado voz, palabra e identidad a esta Fundación. ¡Somos un gran equipo!

 

En el Día de Muertos, nuestro corazón anhela a quienes ya no vemos. Y el altar es un mitztemoa noyollo: lleno de flores, fotos y sabores, donde buscamos con amor a quienes aún viven en nuestra memoria y los ponemos en las manos de Dios…

 

Jesús nos recuerda: “Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón” (Mt 6,21). Cada sábado fuimos uniendo hilos con nuestros mayores, con sus realidades e historias. Mi papá tenía razón: tejimos mantos y sueños que honran la memoria. Hoy celebramos el lazo entre generaciones que han encontrado en el servicio una forma de vivir.

 

Gracias a Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, que nos permite caminar a sus pies y nos resguarda bajo su manto protector. Gracias a todos. De corazón les digo: ¡Acompañarlos es una dicha! ¡Son un tesoro! ¡Dios los bendiga!

 

 

Ciudad de México, 1 de noviembre de 2026 

Fundación Memorial del Papa Francisco, A.C.

¡Juntos hacemos memoria!

Mensaje pronunciado por Fray Alfredo durante la peregrinación “Caminos de la Memoria” 2026

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